Web estratégica · Arquitectura · Narrativa
Casa Stroop le vendía la misma galleta a cuatro clientes que no se parecen en nada. La web les hablaba a los cuatro a la vez, que es la forma más elegante de no hablarle a ninguno.
01 Mirar
La stroopwafel es un clásico en Holanda: dos galletas finas unidas por un relleno de caramelo, que se coloca sobre la taza para que el vapor lo derrita. En España es casi un desconocido.
Eso obliga a una marca a hacer dos trabajos a la vez: explicar qué es el producto y convencer de comprarlo. Y a hacerlo cuatro veces, porque quien lo compra rara vez es quien se lo come.
«La stroopwafel es una especialidad muy conocida en Holanda, pero todavía poco común en España.» Casa Stroop, página de distribuidores
02 Detectar
El patrón apareció al mirar quién estaba al otro lado. Una cafetería y una tienda gourmet compran exactamente la misma caja, pero no por lo mismo. Y ninguno de los dos compra por lo que compra alguien que busca un regalo.
Una sola página tiene que elegir. Si le habla al hostelero, el cliente final no entiende nada. Si le habla al cliente final, el hostelero no encuentra su argumento y se va.
03 Ordenar
La decisión de arquitectura fue dejar de tratar a los profesionales como una nota al pie. Cada segmento tiene su propia landing, con su propio argumentario, sus propias pruebas y su propia llamada a la acción. La home deja de vender y pasa a repartir.
El menú es la estrategia hecha navegación: Horeca · Distribuidores · Catering y eventos · Ecommerce / Tienda · Sobre nosotros. Y las llamadas cambian con el interlocutor: horeca pide catálogo, distribución pide catálogo de punto de venta, el cliente final va a producto.
«Trabajamos con diferentes tipos de clientes adaptando el producto y formato a cada necesidad.» Casa Stroop, home
04 Dar forma
El sitio entero se construye con bandas de color a sangre que se alternan —crema, frambuesa, naranja, rosa— y cada página usa el mismo juego con proporciones distintas. Horeca es naranja, Distribuidores es rojo, Sobre nosotros respira en rosa y crema. Cinco páginas que se reconocen entre sí sin repetirse.
La tipografía trabaja a dos voces: una display con aire art nouveau —la misma oo fusionada del logotipo— para los titulares, y una sans geométrica para todo lo demás. Los titulares se parten entre las dos: «El acompañamiento perfecto para el café».
Y hay una foto firma que ancla las cinco páginas: el hilo de caramelo estirándose. Es la imagen que explica el producto sin una sola palabra.
Por qué funciona
La tentación en un proyecto así es hacer una web bonita que lo diga todo. El resultado suele ser una marca que suena bien y no vende a nadie, porque obliga al visitante a traducir el mensaje a su propia situación.
Aquí no hay que traducir nada. El hostelero entra por su puerta y lee su argumento; el distribuidor entra por la suya. La marca es una sola —mismo color, misma tipografía, misma voz— pero la conversación cambia según quién esté al otro lado. Eso no se resuelve diseñando más piezas. Se resuelve decidiendo antes de diseñar.
Casa Stroop está presente en El Corte Inglés, Westfield Parquesur y Baileys.