No vendemos publicaciones. Dirigimos la comunicación de marcas que necesitan estar cada mes: qué se cuenta, cuándo, y qué tiene que pasar alrededor para que funcione.
+775 mil reproducciones sumando solo estas ocho piezas. Cada cifra es la de la publicación en la cuenta de la marca.
Hacemos dirección creativa y estrategia de contenido: planificación mes a mes, guion y rodaje, montaje y calendario, apoyo de marketing mensual y cobertura de eventos — los pensamos, los grabamos y los devolvemos a redes.
Una cuenta no se arregla publicando más. Se arregla decidiendo qué tiene que percibir alguien que te ve por primera vez, y construyendo todo alrededor de esa decisión: el contenido, sí, pero también el evento que se organiza y se graba, la colaboración que se busca, el momento del año en el que conviene aparecer y el que conviene callarse.
Trabajamos como el equipo de marketing que la mayoría de estas marcas no tiene dentro, con criterio de dirección creativa y años en sectores muy distintos.
Leemos la marca: qué comunica, a quién, y qué está impidiendo que se entienda. El plan sale de ahí, no de un calendario en blanco.
Pilares, formatos y qué toca cada mes. Se graba desde el primer mes, pero cada pieza ya sabe a dónde va.
Un día al mes en tu local, con guion escrito y dirección en plató. Es el paso más visible y el que menos decide.
Un evento, un lanzamiento, una colaboración, una feria. Lo proponemos, lo cubrimos y lo devolvemos a redes convertido en contenido.
Una chef con recorrido y una cuenta que tenía que sonar a ella, no a receta genérica. El formato se construyó alrededor de una idea sencilla: enseñar el plato y explicar la decisión que lo hace bueno. De ahí salen las piezas con más alcance del año.
Cocina de encuentro. Dos líneas conviven en la misma cuenta: el plato terminándose en cámara —el punto exacto en el que apetece— y los socios fundadores contando de dónde viene cada receta. Producto y autoría, sin que una tape a la otra.
Aquí el producto es irresistible en primer plano, así que el sistema se apoya en dos registros: macro de textura con una frase corta encima, y la marca con cara y voz en su propio local. Lo que se recuerda de la cuenta no es un producto suelto, es el tono.
La promesa de la marca cabe en una frase: no necesitas volar a Lima para probar Perú. El contenido la sostiene con fuego, humo y emplatado, y la cierra con el equipo de sala y barra explicando la carta. Cocina de verdad, grabada como tal.
Sin producto que enseñar: aquí lo que se vende es criterio. El sistema se construyó sobre el gancho escrito —una pregunta que incomoda al profesional en el primer segundo— y sobre una serie de testimonios grabados con la misma dirección, para que el conjunto se lea como un cuerpo y no como publicaciones sueltas.
Propiedades que no están a la vista de todos. El contenido no podía parecerse a un portal inmobiliario: nada de rótulos rojos ni precios gritados. Ritmo lento, tipografía con serifa, una frase por pieza y el cierre siempre en el mismo sitio. Discreción, que es justo lo que vende aquí — y la cuenta con menos seguidores de esta página es la que multiplica más su audiencia por pieza.
El café empieza mucho antes de la taza, así que el contenido empieza antes también: la finca, el productor, el tueste. Series numeradas, rótulos con el nombre y el cargo de cada persona, fichas de finca con altitud y origen. Es documental, y por eso sostiene el precio de un café de especialidad.
Dirección creativa, concepto y guion: DÍVERA. Grabación y montaje con equipo propio. Las cifras de reproducciones corresponden a las publicaciones en las cuentas de cada marca.
Si llevas meses publicando sin que la marca se entienda mejor, el problema no suele ser el número de piezas. Es que no hay una dirección que las una.