Fotografía · Producto · Dirección de sesión · Retoque
Carlota Guardia hace joyería contemporánea de piezas pequeñas y con mucho detalle: sellos, aros, ear cuffs. Todo el valor está en cosas que se ven a diez centímetros, y el cliente compra a través de una pantalla.
01 Mirar
La joyería pequeña tiene un problema de escala: en una foto de catálogo sobre fondo blanco, un aro de doce milímetros y uno de veinte son idénticos. El cliente no sabe qué está comprando y devuelve.
El otro extremo tampoco funciona. En la foto de estilo de vida, con modelo, paisaje y luz de atardecer, la pieza desaparece dentro de la escena. Queda una imagen bonita que no se puede usar para vender nada concreto.
02 Detectar
El patrón apareció al revisar qué fotos guardaba la gente en Instagram: siempre las que tenían mano, oreja o cuello. No por la modelo, sino porque la piel es la única referencia de tamaño que todo el mundo lleva encima.
Y al mismo tiempo la tienda necesitaba fotos limpias, sin ropa que pase de moda ni manicura que date la imagen. La decisión no fue elegir entre las dos: fue sacar las dos en la misma sesión, con la misma luz, para que el catálogo y el feed se reconozcan entre ellos.
03 Ordenar
Cuatro decisiones que se tomaron antes de encender la luz.
Toda pieza se fotografía puesta. La mano y la oreja dan la escala real y hacen que el cliente calcule sin leer las medidas.
Fondo limpio para la ficha de producto y plano editorial para redes, sin cambiar el esquema de luz. Así las dos series conviven en el mismo perfil sin parecer de dos marcas distintas.
La plata y el oro se juegan en el reflejo. Luz suave y grande, con la sombra justa para que el relieve y el grabado se lean; ni plano ni con destellos quemados.
Prendas sin estampado ni tendencia para que la foto aguante años, y manos en gesto natural en vez de pose de catálogo. La pieza es lo único que llama la atención.
04 Dar forma
Sellos, aros, ear cuffs y pulseras, fotografiados puestos, con dos registros que se reparten entre la tienda y el contenido.
Por qué funciona
En una compra online de joyería, la foto sustituye al probador, al escaparate y a la dependienta. Si no resuelve el tamaño, el acabado y cómo queda puesto, el cliente no pregunta: se va.
Tener las dos series bajo la misma dirección también evita el problema que llega después: que el catálogo y las redes parezcan dos marcas. La coherencia no se consigue retocando al final; se decide antes de disparar.
Qué se entrega
Termina cuando la cliente tiene cada foto en el formato donde la va a usar. Esto es lo que se entrega:
La versión vertical y los recortes para historias se entregan aparte desde el principio: es lo que evita que las fotos acaben recortadas a mano y descuadradas en el móvil.